Desde ahí, todo perfecto, los vuelos en hora y los enanos portándose como unos campeones. Sergio flipando como siempre y Bruno que pensábamos que iba a ir de mochila va con los ojos abiertos como platos y señalándolo todo. Los dos durmieron tanto en el vuelo que hasta yo que no duermo nunca me eché una buena siesta. La verdad es que se nos hizo bastante más llevadero de lo que pensábamos. Y eso que desde que salimos de casa hasta que llegamos al hotel pasaron 20 horas.
El hotel está muy bien. Nos dieron una habitación mejor de lo que habíamos reservado y las vistas sobre la ciudad son impresionantes.
Nos fuimos a dormir sobre las 12 de la noche y he despertado a toda la family a las 12 y media.
Hemos estado todo el día paseando por Shibuya, una de las zonas más comerciales llenas de tiendas y gente joven. La gente se hace fotos con Bruno, alucinan con los bebés y son súper amables con ellos (bueno, son súper amables con todo el mundo).
Bruno se come lo que le eches, excepto los potitos japoneses, le hemos comprado de dos sabores y escupía los dos, así que, a partir de ahora que coma sushi.
Sergio, de momento, está más receloso, se lo come pero no le encanta.
El tiempo, tocamos madera, es perfecto. No hace nada de calor, menos humedad de la que esperábamos e incluso hoy corría una ligera brisa. Ojalá sea así siempre.
con el blog da gusto family!! ya veo que los mozos se comportaron como unos campeones en el avión, y eso que son un buen número de horas!! vamos y no me sorprende que "buñuelito" coma de todo...sigue en su estilo. Menuda aventura!! un besazo de la tia Silvia y comeros un sushi a mi salud!!
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